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14/1/12

Ideas vagabundeando, siento no poder coordinarlas.

Creo que necesito levar anclas de algunos puertos. Cuantas más anclas lanzo, más pesa mi barco. No podría con todo, de no ser porque de vez en cuando lo abandono y me echo a volar un ratejo entre nubes y sueños.

La vida aquí abajo es muy dura y hay demasiado en lo que pensar. Hay mucho que echar en falta, y pocos lo siento que realmente valgan la pena decir. No estoy orgullosa de todas las palabras que he dicho últimamente. Demasiados te quiero poco definidos y adioses con el corazón mojado.

Pero ¿sabes? Estoy aprendiendo mucho. Sobre mí, sobre ti, sobre cada uno de los segundos que representa estoy gastando. Y me veo cada vez más preparada para empezar a navegar con el viento a mi favor o contra él. Quizás leve anclas, pero espero no irme demasiado lejos de nadie.

Os quiero más de lo que podáis creer, a todos y cada uno de los que me habéis sonreído al menos una vez. Ojalá tenga tiempo en lo que me queda de viaje de agradecer lo que respiro y lo que me hacéis sentir. Incluso los que os habéis ido. No hay un adiós definitivo, al menos en mis mares.

5/1/12

Ya no quedan anónimos en mi puerta.

¿Qué ocurre?
Necesito algún tipo de cambio, supongo. Un retorno, un billete de vuelta, una hélice o una mano que me saque a bailar. Me siento algo seria y llena de polvo, tengo ganas de despertar y sacar de mí todas las sonrisas que tengo guardadas para el universo.

¿Me ayudas? Puede que te necesite. Aunque no sepas quien eres, eso no importaría en el lugar donde iríamos. Solo importa que haya luz, para mirarte las manos, y fiarme un poquito menos de ti. Para ver las grietas de tu mundo, y que te sientas desnudo, con tus imperfecciones a la vista. Pero quién sería yo para juzgar, si apenas pretendo esconder mis lágrimas eternas. Me hace feliz ser mortal, en una pequeña parte. Pero como toda mortal, acabo por necesitarte.

Si aceptas, puede que juguemos, a juntar estrellas o deshacer rascacielos con la yema de los dedos. El mundo puede quedarse pequeño a nuestro alrededor. Y yo sólo busco una cosa, una sola, que tan sólo tú sabrías darme, puesto que no hay nadie más en este mundo, además de ti y de mí.

Sorpréndeme, estaré paseando de mientras. Entre amapolas o ritmos, o hierbas o silencios. Y si no, inevitablemente nos veremos, fieles a las no-casualidades.

12/9/11

Anónimos.

Todos somos anónimos cuando paseamos.
Nos gusta escuchar el graznido de las aves, el crujido de las hojas secas (no muertas) y las voces también anónimas de los transeúntes iluminados.
Nuestro gesto se vuelve extraño, nuestra personalidad sale a la luz gracias a la pérdida de personalidad del mundo externo. Tras la máscara de la luz nos sentimos poderosos, y nuestros andares se tornan en si mismos brillantes.
Pasamos de sentirnos extraños en nuestros cuerpos a de pronto transformarnos en súbitos amos de nuestro entorno. Nos fundimos con el paisaje y olvidamos hipotéticas miradas de asombro y desaprobación.
El anonimato nos produce placer, nos vuelve seres singulares entre miles de seres singulares a su vez.
No existe mayor éxtasis que anonimizarse para, de vez en cuando, ser uno mismo entre miles de unos mismos en un universo anónimo.

Pero existe una remota posibilidad de que, en cierto modo, alguien nos observe en nuestro estado de anonimato.
Puede que algún otro ser anónimo capte en nuestras metáforas detalles minúsculos que nosotros pasamos por alto en aquel entonces.
Puede que nuestro gesto anónimo salga a la luz y pierda su brillo mudo para volverse, de súbito, público.

A veces nos asusta que alguien pueda entender el sentido real y verídico de lo que en realidad queríamos dar a entender con nuestras palabras, y nos perdemos en la espiral de una metáfora infinita para asegurarnos de que nadie alcanza nuestra verdad absoluta.
Es tan solo entonces, cuando alguien logra romper esa espiral para captar nuestra esencia, cuando dejamos de ser anónimos.

Yo nunca he sido anónima. Siempre os he permitido entrar en la espiral de mi metáfora y que esta adoptara el sentido que vosotros le quisierais dar, permitiéndome siempre el lujo de sonreir modestamente cuando acertábais y, a su vez, de guardarme para mi las diferencias que simplemente quería dejar en el vacío.
Quizás por este pequeño detalle no tenga ningún derecho a exigir que vosotros mismos dejéis de ser anónimos, pero me voy a permitir hacerme algunas preguntas anónimas para que, si quereis, podais ayudarme a entender.

¿Qué es exactamente pasear? ¿Quién soy yo en realidad? ¿Por qué me escondo detrás de metáforas indoloras en lugar de ser clara y concisa?
¿Y tu, quien eres tu?

10/8/11

La belleza es tu cabeza.

Llevo dias sin escribir, quizás por que nada me parecía lo suficientemente importante como para hablar de ello, o quizás por que mi cabeza no me resultaba lo suficientemente bella como para escucharla.
Mi vida a veces está tan poco definida como este blog: aunque siempre hablo de mi, nunca acabo de hablar claro. Me sirve como un amigo que entendiera todas mis metáforas. Probablemente visto desde fuera no me gustaria. Y es que este blog es mío. Mío y punto. Soys intrusos, espías, ninjas que entran destrangis para observar lo que yo soy.

Y yo dejo la puerta abierta. Sin candado ni cerrojos. Por que me gusta que me escuchen. Por que me gustaría escucharos.
Por que en realidad es necesario.


Me cuesta mucho entender la belleza, a veces. Puede que aún no haya aprendido a fluir del todo, pero como aprendiz de semi-diosa, super-mujer o cat-woman creo que me merezco un respiro.