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14/1/12

Ideas vagabundeando, siento no poder coordinarlas.

Creo que necesito levar anclas de algunos puertos. Cuantas más anclas lanzo, más pesa mi barco. No podría con todo, de no ser porque de vez en cuando lo abandono y me echo a volar un ratejo entre nubes y sueños.

La vida aquí abajo es muy dura y hay demasiado en lo que pensar. Hay mucho que echar en falta, y pocos lo siento que realmente valgan la pena decir. No estoy orgullosa de todas las palabras que he dicho últimamente. Demasiados te quiero poco definidos y adioses con el corazón mojado.

Pero ¿sabes? Estoy aprendiendo mucho. Sobre mí, sobre ti, sobre cada uno de los segundos que representa estoy gastando. Y me veo cada vez más preparada para empezar a navegar con el viento a mi favor o contra él. Quizás leve anclas, pero espero no irme demasiado lejos de nadie.

Os quiero más de lo que podáis creer, a todos y cada uno de los que me habéis sonreído al menos una vez. Ojalá tenga tiempo en lo que me queda de viaje de agradecer lo que respiro y lo que me hacéis sentir. Incluso los que os habéis ido. No hay un adiós definitivo, al menos en mis mares.

4/1/12

Hola.

Hay tantos segundos en cada una de nuestras vidas. Algunos son tan irrelevantes como un bostezo, pero a menudo lo que creemos más banal es lo que más nos forma, nos hace crecer, nos hace libres, o nos incomoda y nos encierra en algo que desconocemos.

Por mi parte, intento hacer que cada segundo valga la pena de ser vivido, o al menos, que si ese segundo tiene una mínima conciencia, esté contento de haber sido vivido por mí, pues yo no puedo agradecerle más el hecho de hacerme estar viva.

Tengo dieciocho años. Y ni Gus sabe lo que voy a vivir. Pero ya voy recolectando en cajas de mimbre todo lo vivido, para no olvidarlo nunca y tenerlo siempre presente.

Una vez me dijiste en mi locura que me mirara las manos. Y yo no supe dejar de mirarte. Pero poco a poco fui sintiéndome, y encontrándolas entendí que eran yo. Me toqué, me cogí de las manos y me sentí llena. Supe que no puedo estar sola mientras esté conmigo. Sentí como todo recobraba la vida que debía tener, me llenaba por todas partes, como agua hirviendo, y me susurraba tan sólo eso, hola.

Cada vez que la luz se atenúa, que algo la tapa o que cierro un poco los ojos, y me siento aturdida o sola, me cojo de las manos. Es suave roce de las yemas de los dedos, el cosquilleo y la energía, hacen que aprenda, que me sienta VIVA.

No puedo más que agradecerme el despertar. Y repetirme las veces que haga falta: hola, hola hola. Porque estoy aquí, y realmente no debería importar mucho más.

26/12/11

Arrivederci.

Me gusta creer que el mundo es un eterno fluir de todo lo que lo forma, y de esta forma igual que muchas cosas se marchan, otras vienen sin intención de ser sustituto, tan sólo buscando su lugar en un permanente cambio.
Por esto no creo que sea bueno exigir ni forzar la permanencia de nada en nuestras vidas, pues el mundo seguirá dando vueltas, y con él, todos nosotros.

Con esto no quiero decir que no hay que llorar o echar de menos, son sentimientos humanos y considero mejor explotarlos e incluso disfrutar de ellos que obligarnos a no sentir, pues no es más que un engaño hacia nosotros mismos. Pero siempre debemos tener en cuenta que todo lo que se marcha es un añadido a nosotros. Cuando nosotros nos vayamos... quien sabe qué habrá, dónde marcharemos y si estaremos solos. Pero igual que vinimos solos, nos despediremos solos. No hay más.

Por todo esto debemos entender las despedidas como algo ajeno a nosotros: algo que nos enriquecía se va, y quizás vuelva, o se marche para siempre. Si no vuelve, quizás quemó esta etapa con nosotros, y no tenía nada más que aportarnos. La mayoría de veces sentimos que no es así, y con el tiempo ponemos las cosas en su lugar y entendemos.


Yo nunca he sabido decir adiós. Y de hecho, no quiero hacerlo. Pero cuando el río sigue su curso y yo me subo a una piedra para observar mejor los árboles que me rodean, no puedo pretender que el río se pare y me espere. A veces el crecimiento personal no está ligado con el de los que nos rodean, y eso duele. Pero forma parte de ese crecimiento, nunca sería el mismo si tuviéramos a alguien cogiéndonos de la mano.

Creo que la felicidad consiste en irse dando cuenta de estas pequeñas cosas, para entender la soledad como se merece, y nunca sentirnos solos en este mundo, donde vinimos y nos iremos solos.