18/10/11

¡Felices 3000!

Exprimidor, incluso cuando nada puede ayudarme, llegas tú para recordarme que existen ventanas.
¡Qué haría yo sin ti!
Siento no poder dedicarte lo que te mereces por llegar a las 3000 visitas, te debo un gran post acerca de tu facilidad para hacerme feliz.

De mientras, puedo decir que te has convertido en una parte muy importante de mi vida, mi refugio, donde meter todas las cosas aparentemente inservibles para exprimir de ellas algo único.

Por ahora lo dejo aquí, gracias por todo :)

15/10/11

-click-

Hoy, simplemente, tengo ganas de parar.
Igual que aquella canción decía "yo no sé por qué el rock'n'roll a mi me quiere matar", diremos por analogía que tengo ganas de parar por un rato lo que me da vida.
No estoy cansada, ni muerta, ni triste.
A veces es necesario un parón, un vacío mundial de un segundo para tratar de reiniciarse con más éxito que nunca.

El problema viene si ese parón te aísla más de un segundo incluso de ti misma.
Estoy feliz, esta semana me he demostrado que soy capaz de vivir, y de aportar vida a los demás. He sentido el agradecimiento y la felicidad de otros en mi propio cuerpo, me he renovado y sé que mañana me levantaré con más ganas de vivir que nunca, preparada para lo que sea, con pequeños temores que iré resolviendo a lo largo del día para luego dormir feliz sabiendo que sigo siendo, y punto.

Pero por hoy, sin más, debo desconectar y asimilar.

Se acerca... se acerca muy lento ese cambio y lo voy viendo venir. No tengo prisa ni miedo, sé que lo merezco, y, por fin
SOY CAPAZ.

(en una ocasión normal no colgaría esto, lo guardaría para mí y sólo yo le encontraría sentido. pero últimamente me gusta demasiado jugar, y quizás hacer locuras pretendiendo que alguien las siga. Interpreta.)

13/10/11

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Sigo dejando borradores en los bolsillos de mi mente.
(no temo, pero siento, amo, escucho, me apasiono, vibro, acaricio, tiemblo y alguna lágrima cae)


Y todo por no saber gritar... ¡¡¡TE QUIERO!!!

11/10/11

Echar(te) de menos.

A veces, veo como un texto sin dirección y poco preciso es el pretexto que me ayuda a darme cuenta en los grandes momentos de qué cojones me pasa.

Hoy veo como muchos de los pilares que sustentaban mi templo han caído, y me han dejado sola en mi opistodomus en ruinas. No ceso de ver columnas y volutas rotas por todas partes, y siento algo por dentro, algo semejante a la tristeza pero bañado en culpa y muchas preguntas.
-¡Si yo no moví ni un dedo! ¡Esto es injusto!
Veo todo el mármol roto en el suelo, y veo como algunas piezas se mantienen firmes a pesar del golpe... Entonces comprendo que la mayoría de esas columnas se hubieran hecho trizas con un simple soplido, y otras, por muchos golpes que se den, se mantendrán firmes hasta que les llegue la hora.

Empiezo a plantearme vivir sin cubierta... no se está tan mal. Y aún sintiéndome triste, y un poco más sola, creo que no me costará tanto acostumbrarme como otras veces. Poco a poco voy aprendiendo a no necesitar absolutamente nada para vivir en estas tierras, para sentirme conectada a ellas. Veo hilos blancos que desaparecen, y lo peor, hilos multicolor que se tensan y amenazan con romperse.
-Yo no hice nada, no tengo la culpa!- no dejo de repetir.

Pero supongo que el crecimiento es algo individual, y si mi camino giró hacia la izquierda, o si incluso empecé a volar, no puedo permitir que los hilos ni el recuerdo de mis antiguas columnas me impida continuar. Quien me quiera bien dejará un poco más de hilo... y quien no, se hará trizas en mi mundo y desaparecerá por si mismo. Como dije, yo no moví ni un dedo.

9/10/11

Echar de menos.

¿Qué es exactamente echar de menos? Echamos de menos lo que nos falta, lo que tuvimos y hemos perdido, lo que no supimos valorar y lo que nos arrebataron, lo que no hemos tenido ni tendremos nunca.
Si echamos de menos es por que no poseemos, y por mucho que tengamos una imagen entre los dedos nunca podremos meternos dentro de ella, revivir lo que se desliza entre nuestro cabello para alejarse infinitamente.
Echar de menos es tan relativo... tan volátil como el mismo tiempo, tan extraño y solitario como un campo de amapolas.

La cuestión es... ¿se puede echar de menos lo que prácticamente ya se tiene? ¿Es lícito poseer algo si así deja de ser libre? ¿Y si conseguir lo que deseamos nos hace a nosotros mismos esclavos? ¿Y si no?

Todo se reduce al miedo a la libertad. Miedo a no tener más apoyo que el de uno mismo, miedo a no poder compartir, soñar o amar en compañía.
Tememos estar a solas con nosotros mismos, pues escucharnos sería aceptar demasiadas cosas que ni tan solo queremos oír.

Yo no tengo miedo a estar sola. Un día decidí que quería conocerme y me presenté ante mi misma con toda la ilusión del mundo. No me defraudé, y sé que ya nunca estaré sola, ni en mala compañía, ahora que sé quien soy y estoy contenta de estar conmigo.

Pero me temo que, aún así, no es suficiente, y siempre necesito compartir mi realidad y mi locura con el resto de universo. No lo considero malo, ni muestra de cobardía o debilidad. Para mi es la vida, ser y ayudar a los demás a poder ser también, crecer y empaparme de lo que me rodea, sentirme conectada al mundo y a todas las personas. Es precioso saber que tu mismo existes en la realidad de otros, y que tus actos han podido cambiar el transcurso de sus realidades, y locuras.

Pero, de vez en cuando, echamos de menos. Echamos de menos realidades que ya no son, locuras que ya pasaron. Personas que ya no existen, que han ido evolucionando, retrocediendo. Incluso aquellos que, estancados, ya no pueden seguir nuestro ritmo y se despiden en la lejanía, sin querer impedirnos el paso o hacer más lento nuestro recorrido.
Echamos de menos, y por unos momentos nuestra vida se para. Nada ocurre, y nos quedamos atrapados en algo que fue y ya no es.

Estoy cansada de echar de menos, aunque me haga humana y algo más fuerte con los años. Siempre es extraño definir los sentimientos, pero el miedo es algo que sí sé reconocer y que no quiero en mi vida nunca más.

7/10/11

Cavilaciones.

Días de luz para algunos, días absurdos para otros.
Y es que últimamente no paro de pensar en la incoherencia de algunos por querer hacer un poco más viejo el mundo, menos bueno y sin sentido.
Es tan fácil salir y empaparse de energía, de amor y de alegría que no puedo llegar a comprender cómo un ser humano podría preferir el odio a toda la belleza que la vida nos regala.

Pero hay demasiadas cosas que aún no comprendo, y de ellas muchas que no comprenderé nunca... Soy humana, y estoy viva y receptiva al universo.