4/4/11

Te miro y tiemblo.

A veces me da por temblar, sin poder hacerle yo nada. No es que tenga miedo, ni frío, ni sueño, ni tristeza.
Es como si algo dentro de mí quisiera salir, como si se escondiera impaciente esperando el momento oportuno para llenarlo todo.
Es imposible de controlar, y tampoco querría.
Sé que cesa en cuanto hago lo que me pide.

A veces tiemblo y sé que son ganas de vivir.
Esta vez lo haremos bien, pequeña.

2/4/11

Amar la trama más que el desenlace.

Hoy es un buen día.
¿Sabes? Sé mucho sobre ti. Y tú crees que sabes mucho sobre mí también, pero no estoy tan segura. Un día mi tren, que circulaba junto al tuyo, descarriló, y aunque tuvo miedo de ir sólo sin ti, supo recuperarse y seguir el camino que no estaba marcado, el que le da la jodida gana en cada momento.
¿Sabes? Echo de menos a veces aquellos raíles. Pero sé que no me pertenecen. Nada nos pertenece, aunque nos adueñemos de todo. Pero en concreto, aquellas vías no eran las mías, y he sabido comprenderlo. Comprenderme.
Sé que es complejo de entender, pero me divierte más cambiar de decisión a cada segundo, pensar locamente que quizás es mejor hacer justo lo que habría hecho en otras vías, sentir cada soplo del viento, apasionarme con lo que sea.
Sé que esa forma de ser no me traerá tu compañía. Ni la de los que no sienten esa pasión por vivir, esa energía que fluye cuando el Sol, la Luna, las más mínima tontería te toca.
Pero, ¿sabes? hoy te toca a ti decidir si quieres seguir esas vías que tomaste como tuyas. Yo estaré por ahí y quizás nos encontremos, si decides descarrilar.
Hoy es un buen día, y aún así...
Buenas noches, yo te quiero.

31/3/11

Metaformosis.

Solía ser impulsiva, buena y cabezona.
Pero me sentía larva, que en su interior no hace más que reclamar esa libertad que siempre prometen. ¿Por qué no podía ser mariposa?
Intenté romper el tejido, caerme de mi escondite, gritar pidiendo ayuda, maldecir todos los dioses posibles existentes. Incluso, por un segundo, me sentí perdida dentro de mi prisión interna, extraña, familiar. Hasta que se me ocurrió algo. Ni tan siquiera lo había pensado hasta entonces.
¿Y qué pasa si el problema no es la cáscara? ¿Y qué pasa si precisamente soy yo?
Empecé a dejar de echarle la culpa a mi mal fario y a esa botella en la que me encontraba presa. Empecé a pensar en mi misma, a intentar vislumbrar el problema. Hasta que lo vi claro.
Dejé de gritar, de llorar, de pegar golpes a lo que había a mi alrededor. Y simplemente, escuché. Me concentré en escuchar todo lo que pude a una vocecita débil que a saber de dónde llegaba.
Poco a poco me fui descubriendo.
Y descubrí que mis gritos hacia el exterior me impedían escuchar los que mi interior me dirigían.
Fue entonces cuando aquel caparazón se empezó a romper, poquito a poco. Y cuando me vi allí fuera, como si un baño dorado fuera deslizándose sobre mí, las vi.
Eran mías y punto. Tan sólo mías, y no iba a consentir que volvieran a meterse dentro de mí. Poco a poco unas alas de color violeta empezaron a estirarse hacia fuera, como si hubieran pasado cien años encajadas dentro de mí. ¿Eran ellas las que gritaban desde dentro? Supongo, no les pude preguntar.
Pero al instante empecé a entenderme con ellas, y poco a poco fui acostumbrándome a ser libre.
Durante un rato no supe qué hacer. Tenía frío y añoraba en parte aquella prisión oscura, mi casa. Pero fui fuerte, y no me dejé vencer por la costumbre.
Estiré las alas, y salí volando.

Solía ser impulsiva, buena y cabezona. Y espero seguir siéndolo mucho tiempo. Pero nunca más confundiré la opresión con la ternura, ni una cárcel con mi propio cuerpo.

22/2/11

Por el recuerdo que no deja de latir.

Hay cosas que sólo algunos pueden entender. La gente pasa por tu lado, tu caminas, caminas, caminas... Todos marcamos y quedamos marcados, de una forma u otra. Como si de unos hilos finitos que se disparan a cada segundo se tratase. Pero, ¿qué pasa cuando un hilo no se rompe? ¿Qué ocurre cuando un hilo se resiste a desaparecer, y mueve todos los que estan a tu alrededor, como si de golpe te encontraras en un remolino, y tu ni tan siquiera quisieras salir?
Nunca seremos capaces de controlar todos los hilos que tejen nuestra vida. Y a la vez, en cuanto un hilo de mil colores se distingue entre los semitransparentes, lo sabemos.
Entonces, ¿porqué nos cuesta tanto agarrar ese hilo y tirar de él para llegar al otro lado?
A veces tenemos miedo de no retroceder jamás, pero no sabemos que los hilos no nos poseen; simplemente estan ahí, nos llaman, nos gritan, nos suplican incluso... Y si no queremos escuchar, es tan fácil como desaparecer.
Pero hay algo claro, el color de ese hilo no se te olvidará en la vida. Y a veces es muy malo vivir del recuerdo.
Yo creo que el arrepentimiento no cabe en un corazón que ha hecho siempre lo que ha creido justo.
Hay cosas que sólo algunos pueden entender. Y hay que estar orgulloso de ello.

20/1/11

Por no hacer mudanza en mi costumbre.

Yo nací para ser libre,
como amapola risueña.
Yo nací para ser libre,
sincera, buena y pequeña.
Sin maldad en mis heridas,
y con fuego en mis colinas.
Yo nací para ser libre,
luz, calor y melodía.

Y sin miedo a vencer,
ni a perder lo que tenía,
Absorbí la luz del Sol,
me volví calor del día.
Y entendí que en la existencia,
no se tiene lo que se cría.
Pues sólo somos luz,
calor del Sol y melodía.

Luna.

Divina la noche que hay entre tus sábanas.
Divina la noche que meces en tus brazos.
Pero dime, ¿qué has hecho con la luna?
No hay noches con estrellas. Sólo de luna, pedazos.

Es bonito el dia con tus colores pintado.
Y quizás la alegria con tus matizes opacos.
Pero no hay luna que aguante tu martillo acariciando,
Ni tus pómulos rojizos sin consuelo sollozando.