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5/1/12

Ya no quedan anónimos en mi puerta.

¿Qué ocurre?
Necesito algún tipo de cambio, supongo. Un retorno, un billete de vuelta, una hélice o una mano que me saque a bailar. Me siento algo seria y llena de polvo, tengo ganas de despertar y sacar de mí todas las sonrisas que tengo guardadas para el universo.

¿Me ayudas? Puede que te necesite. Aunque no sepas quien eres, eso no importaría en el lugar donde iríamos. Solo importa que haya luz, para mirarte las manos, y fiarme un poquito menos de ti. Para ver las grietas de tu mundo, y que te sientas desnudo, con tus imperfecciones a la vista. Pero quién sería yo para juzgar, si apenas pretendo esconder mis lágrimas eternas. Me hace feliz ser mortal, en una pequeña parte. Pero como toda mortal, acabo por necesitarte.

Si aceptas, puede que juguemos, a juntar estrellas o deshacer rascacielos con la yema de los dedos. El mundo puede quedarse pequeño a nuestro alrededor. Y yo sólo busco una cosa, una sola, que tan sólo tú sabrías darme, puesto que no hay nadie más en este mundo, además de ti y de mí.

Sorpréndeme, estaré paseando de mientras. Entre amapolas o ritmos, o hierbas o silencios. Y si no, inevitablemente nos veremos, fieles a las no-casualidades.

4/1/12

Hola.

Hay tantos segundos en cada una de nuestras vidas. Algunos son tan irrelevantes como un bostezo, pero a menudo lo que creemos más banal es lo que más nos forma, nos hace crecer, nos hace libres, o nos incomoda y nos encierra en algo que desconocemos.

Por mi parte, intento hacer que cada segundo valga la pena de ser vivido, o al menos, que si ese segundo tiene una mínima conciencia, esté contento de haber sido vivido por mí, pues yo no puedo agradecerle más el hecho de hacerme estar viva.

Tengo dieciocho años. Y ni Gus sabe lo que voy a vivir. Pero ya voy recolectando en cajas de mimbre todo lo vivido, para no olvidarlo nunca y tenerlo siempre presente.

Una vez me dijiste en mi locura que me mirara las manos. Y yo no supe dejar de mirarte. Pero poco a poco fui sintiéndome, y encontrándolas entendí que eran yo. Me toqué, me cogí de las manos y me sentí llena. Supe que no puedo estar sola mientras esté conmigo. Sentí como todo recobraba la vida que debía tener, me llenaba por todas partes, como agua hirviendo, y me susurraba tan sólo eso, hola.

Cada vez que la luz se atenúa, que algo la tapa o que cierro un poco los ojos, y me siento aturdida o sola, me cojo de las manos. Es suave roce de las yemas de los dedos, el cosquilleo y la energía, hacen que aprenda, que me sienta VIVA.

No puedo más que agradecerme el despertar. Y repetirme las veces que haga falta: hola, hola hola. Porque estoy aquí, y realmente no debería importar mucho más.